El sexismo de una letra

“Si el pensamiento corrompe el lenguaje, el lenguaje también puede corromper el pensamiento”. (George Orwell)

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Mafalda. Quino

Salía de ver una película del cine y entré al baño, fue la vez que más limpias me he dejado las manos porque me entretuve en la labor hasta acabar de escuchar la conversación de otras dos mujeres. Cuando a una de ellas le tocó entrar y dejar la cazadora y el bolso a su compañera, mi misión como oyente había terminado. La conversación me llamó tanto la atención que no tenía otra opción, esa es mi justificación. Las dos mujeres conversaban, en realidad una hablaba y la otra solo tenía la opción de asentir, conversaban sobre el cambio de A.P.A. por A.M.P.A. La que llevaba la conversación se mostraba muy molesta por ese cambio, considerándolo absurdo y “si toda la vida lo he llamado así no voy a dejar de hacerlo porque me lo mande un ministerio o quien me lo mande”. Como digo, lo que pensaba su compañera no quedó muy claro, la mujer entró al baño y la otra siguió asintiendo.

Salí del lavabo sorprendida, pensaba que este cambio había sucedido hace ya unos cuantos años y ahora estaríamos con otras controversias, por otra parte, escucharlo de una mujer también me sorprendió.

El lenguaje hiere y acaricia, halaga y ofende, y envuelve el pensamiento de una sociedad, al igual que refleja su genealogía. Es verdad, podemos hablar de la economía del lenguaje, del plural masculino pero es que esto, al igual que el lenguaje, son creaciones culturales que reflejan el contexto social, los prejuicios y esa visión del mundo masculina durante largo tiempo dominante.

Desde siempre venimos usando padres como plural de madres y padres, engloba a ambos, además, la RAE recuerda que en nuestra lengua no coinciden género y sexo y que el plural genérico es el masculino. Es obvio que al usar APA, la mayoría de personas no querían excluir a las madres, que se usaba por una convención social, pero con este cambio se pretenden eliminar determinadas connotaciones discriminatorias. Se trata, además, de un mínimo cambio, no afecta a la economía del lenguaje, es sencillo de pronunciar, con él se puede incitar a la reflexión a mucha gente y, además, estamos incluyendo a esas madres solteras o parejas de lesbianas, por ejemplo. Un cambio sencillo pero que engloba mucho.

Hay ciertas expresiones arraigadas en el colectivo social. Intento buscar una explicación a que una mujer se mostrase en contra de que se la incluyera en la asociación desde la que colabora con la educación de sus hijos, y se me ocurre, por ejemplo, la comodidad, preferir lo establecido. Aunque la vida sea cambio y toda evolución lo reclame. También entiendo que pueda considerarlo absurdo, puede que ella no usase APA con connotaciones discriminatorias hacia las mujeres, pero no cambiarlo sigue manteniendo y perpetuando ciertos comportamientos negativos. Este cambio no ha solucionado el problema de la desigualdad ni la discriminación pero hay que empezar por algún lado, y un buen comienzo es la educación y el lenguaje no sexista.

La guerra al sexismo desde el idioma es antigua y se prevé larga. El lenguaje, como la sociedad, tienen que evolucionar y el motor de esto son los ciudadanos. Tampoco me gustan esos cambios del lenguaje impuestos desde la política unilateralmente, con demagógicas intenciones, sin contar con las academias pero es que tampoco podemos esperar que sean estas las que marquen el cambio. Muchas autoridades intentan ser políticamente correctas con el lenguaje y bordean lo ridículo. El lenguaje no sexista tiene que ser también coherente, no hay otra forma de instaurarlo por completo, pero es completamente necesario. Hablando con una amiga sobre este tema me enseñó una frase genial para acabar con esta reflexión:

“El lenguaje es el fundamento de la reproducción del sexismo; es un aparato de construcción y de representación de la realidad y por consiguiente de la acción sobre ella por medio de elaboraciones simbólicas. A través de él internalizamos ideas, imágenes, modelos sociales y concepciones de lo femenino y de lo masculino, entre otras…” (Florence Thomas)

¿Y por qué no se incluye también Asociación de Madres y Padres de Alumnos y Alumnas? Igual por lo de no caer en el absurdo, entendemos que alumnos engloba también a las estudiantes femeninas pero la palabra “padres” es más excluyente que incluyente.

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